top of page

"No somos el futuro, somos el presente" – Ariana Narrea

Actualizado: hace 3 días


🙋🏻‍♀️ Ariana es activista por la igualdad de género, la diversidad cultural y la educación de calidad. Estudia Educación Primaria en la Universidad Nacional Federico Villarreal y es fundadora de Yawar Ayllu, una organización juvenil que promueve el arte y la identidad cultural como herramientas de cambio social. Ha sido parte de iniciativas como el Programa de Liderazgo de Enseña Perú, Kusisqa y Perú Champs, así como ponente en espacios de formación feminista y salud integral. Su trabajo articula cultura y justicia de género en territorios diversos del Perú.


¿Cuál fue tu principal interés al crear y liderar Yawar Ayllu?


💬 Creo que uno de los motivos más profundos por los que creé Yawar Ayllu fue el amor. Sé que muchas veces se piensa en el amor solo desde lo romántico, pero creo que todas las personas podemos sentirlo de diferentes maneras y el amor más grande que he sentido ha sido por mi abuela, mamita Elena. Desde muy pequeña crecí en sus brazos, pero algo que nunca había entendido hasta que cumplí 15 años fue que, aunque ella me había adorado toda la vida, yo realmente no sabía nada de ella. Eso me golpeó cuando, empecé una conversación que nunca había tenido: preguntarle de dónde venía, cuál era su historia y cómo llegó a Lima, porque no es que un día apareció mágicamente y se volvió mi abuela.


🏔️ Cuando escuché su historia, supe que quedó huérfana desde muy pequeña, que fue abandonada por su padre, que creció en un pueblito de la sierra y que todo fue muy difícil para ella, incluso cuando ya estaba en Lima y trataba de continuar sus estudios o acceder a un trabajo decente. Esa historia me dolió tanto que pensé: “Esto no puede pasar”. Desde ahí empecé a abordar temas como la discriminación, la igualdad de oportunidades, la equidad de género y los cambios que necesitamos en el mundo, porque así como mi abuela, estoy segura de que hay muchas personas que tienen un corazón enorme y ganas de luchar, y el hecho de que se les prive de oportunidades me rompe.


Creé Yawar Ayllu con la esperanza de construir un mundo en el que todos tengamos las mismas oportunidades y derechos para crecer en un mejor país y un mejor mundo.

¿Qué aprendizajes te dejaron los programas de liderazgo de Enseña Perú y Perú Champs?


Con Enseña Perú empecé cuando estaba en secundaria, en 2023. Fui parte del PDLE corto y del PDLE largo, y ambos significaron un gran cambio en mi vida. Yo siempre había tenido ideas pero no sabía cómo expresarlas ni qué hacer con ellas. El PDLE me ayudó a creer en mí y a encontrar equipo y comunidad, así fundé Yawar con cinco amigas increíbles. También me hizo descubrir mi carrera, porque dando talleres me di cuenta de que me encanta acompañar procesos. 


💟 Recuerdo mucho la sesión de liderazgo y dignidad en PDLE largo; me marcó muchísimo porque me llevó a pensar cuántas veces nos hacemos menos o hacemos menos a otros. Desde ahí redefiní mi filosofía de vida y mis sueños. Incluso después de ser alumni, sigo trabajando con ellos en retos como Coordinadora Nacional del PDLE XIV o co-liderar en el primer CADE escolar, con 550 estudiantes. Actualmente, sigo formando parte de la familia de Enseña Perú, y esta vez ya no como participante, sino como consultora de Liderazgo Estudiantil y tallerista del ENFOCO.


Con Perú Champs viví una experiencia que guardo en el corazón. En el año 2024 fui facilitadora voluntaria y sentí que estaba en el lugar exacto con esos seis niños que me confirmaron que esta sí era mi carrera. Ellos llenaron mis sábados y, cuando terminó el programa, los extrañé tanto que  hasta pasé mi cumpleaños con ellos; mi primer ramo de flores me lo regaló un niño de seis años. Traté de no ser solo su miss, sino alguien que los escuchara en una etapa en la que, a veces, en casa no lo hacen. Hablamos de arte, empatía y cambio, y siempre intenté darles lo que había aprendido en mi camino de adolescente a adulta.


🎙️ En Generación ESI de América Solidaria y Kusisqa, y en espacios como los talleres de Flora Tristán y Rocket Girls, encontré más mi voz como mujer. De todos estos programas me llevé aprendizajes que han formado mi camino y mi manera de entender el liderazgo.


¿Qué roles crees que deben de cumplir los jóvenes respecto a la construcción de políticas públicas en el Perú?


💭 Yo creo que los jóvenes no estamos para el mañana, sino para el ahora. Esa idea la aprendí de mi mentor, Franco Mosso: no somos el futuro, somos el presente, y desde hoy tenemos que actuar. Siempre se nos ha dicho que cuando los adultos hablan, los jóvenes callan, pero los jóvenes también tenemos voz, y en un país con tanta inestabilidad y corrupción acumulada es normal que las personas tengan miedo.


Yo creo que los jóvenes no estamos para el mañana, sino para el ahora. No somos el futuro, somos el presente.

Por eso, creo que nuestro rol es ser activos, participar y escuchar. Los jóvenes tenemos muchas ideas, pero a veces falta organizarlas y practicar la escucha activa para entender nuestra historia, no repetirla y saber cómo actuar. Lo que suceda ahora puede no afectar a nuestros padres o abuelos, pero sí a nosotros y a quienes vengan después.


🔊 También debemos alzar la voz y luchar por nuestro país, por nuestra cultura y por lo que queremos que el Perú sea. Tal vez no nos convirtamos en una Suiza en pocos años, como dijo Vargas Llosa, pero podemos avanzar si creemos en nuestras ideas y en el poder de nuestras voces. No se trata de rendirse y decir que el Perú está perdido, sino de amarlo y seguir aquí para cambiarlo.


Podemos avanzar si creemos en nuestras ideas y en el poder de nuestras voces.

¿De qué manera la experiencia en Yawar Ayllu ha influido en tu forma de entender el liderazgo y el impacto social?


Yawar Ayllu me enseñó a entender el liderazgo como algo sostenible. Al inicio, yo hacía casi todo en la organización; estaba encima de cada detalle como mamá primeriza que no deja que el bebé camine solo por miedo a que se caiga. Pero aprendí que uno necesita caerse para levantarse y que, si un día yo no estoy, la organización debe sostenerse. Entendí que la mesa tenía cuatro patas y que yo no tenía por qué ser la única.


❤️‍🩹 También descubrí la importancia de confiar en los demás, de liderar en comunidad y no cargar todo sola. Antes, nunca decía “necesito descansar” o “necesito tiempo para mí”. Yawar Ayllu me hizo ver que tú también importas, que mereces pausas y que los demás tienen potencial enorme para sacar adelante proyectos.

Todo eso cambió mi forma de ver el impacto social. Entendí que los proyectos nacen desde el amor, pero no deben volverse una carga. 


¿Cómo es que articulas la formación académica en la carrera de Educación respecto a tu labor en el activismo cultural?


📖 Creo que algo que siempre me ha servido es desmontar el estigma de que Educación solo es “cortar papelitos”. En mi carrera llevo neurociencia, administración, epistemología, estadística y modelos pedagógicos… y todo eso lo aplico directamente en mi activismo. Saber cómo funciona el cerebro y cómo se produce el aprendizaje me ayuda muchísimo a diseñar talleres y espacios formativos. Por ejemplo, entender en qué etapa del desarrollo cognitivo se encuentran los chicos con los que trabajo me permite saber cuánto puedo exigir y qué actividades usar.


También los modelos pedagógicos me han dado un marco para entender mejor cómo aprenden las personas. Todo eso hace que mis sesiones no sean improvisadas, sino planificadas con intención, cuidando cómo se involucran, cómo participan y cómo se sienten. La educación te sensibiliza muchísimo: te obliga a pensar en quién tienes enfrente, qué necesita y cómo hacer que ese aprendizaje sea real.


📜 Y algo que me marcó bastante fue estudiar la historia de la educación: desde el Yachaywasi en la época inca hasta las reformas actuales, pasando por Montessori, Teresa González de Fanning y hasta por la diversidad de José María Arguedas. Descubrir todo eso me abrió la mente y me ayudó a entender por qué lucho por la educación intercultural, por qué defiendo el acceso igualitario y por qué creo que la cultura es transformadora.


¿Quién o quiénes fueron tus referentes en el camino del activismo?


En el camino del activismo, uno de mis primeros y más grandes referentes fue Malala Yousafzai. Luchar por la educación de las niñas en un país como Pakistán, donde las mujeres casi no tienen derechos, hacerlo desde tan pequeña y no rendirse ni siquiera frente a la muerte fue inspirador. Gracias a ella me involucré en organizaciones feministas, participé en proyectos sobre derechos de las mujeres y escribí poemas que nacieron de todo lo que me movió su historia.


En lo personal, otra referente más cercana ha sido mi mentora del PDLE Largo, Alexandra Vassallo. Ella viaja por el mundo buscando a los mejores maestros para buscar replicar sus métodos en todo el mundo y me dijo algo que nunca olvidaré: que un día también entrará a mis aulas para ver qué hago diferente y que el mundo necesita saber. Sus experiencias como maestra rural y su camino para encontrar su propósito me inspiraron a confiar en lo que puedo aportar.


También está Franco Mosso, que fue de los primeros en creer de verdad en la voz de los estudiantes. Siempre he admirado la humildad con la que se reúne con chicos de 14 o 15 años,  dedicándoles su tiempo y escuchando sus ideas. Él no juzga los errores; los llama retos personales y te acompaña a aprender de ellos. Incluso cuando fui coordinadora del PDLE y tuve miedo o me equivoqué, Franco estuvo ahí para guiarme. Él me hizo creer en los soñadores y en el poder de las ideas. Esos tres, Malala, Ale y Franco, han sido quienes más han marcado mi camino.


Esta no es una pregunta formal, pero en base a tu experiencia siendo educadora y también como estudiante de Educación, ¿qué crees que se debe cambiar en las aulas escolares para empezar a enseñar desde el amor y la pasión? 


📓 Lo primero que se debe cambiar en las aulas es la forma en que entendemos la enseñanza. Mi primer trabajo en la universidad fue sobre la pedagogía del amor y desde entonces estoy convencida de que para enseñar bien es necesario sentir pasión. Un docente necesita amar lo que hace, tener paciencia y coherencia.


💻 También creo que necesitamos renovarnos. Muchos docentes no se actualizan y no se dan cuenta de que ya no existe una sola manera de aprender. Teorías como las inteligencias múltiples de Gardner o la inteligencia emocional de Goleman deberían ser parte del día a día. No todos los niños aprenden al mismo ritmo, y siempre explico esto con la metáfora de la canchita: puedes darles el mismo material y la misma explicación, pero cada uno hará pop cuando esté listo.


Otra cosa clave es dejar atrás la idea del docente como único dueño del conocimiento. Hoy los estudiantes necesitan participar, construir y liderar. Las aulas son más diversas y más neurodivergentes. Y del lado estudiantil también hace falta valentía para decir lo que necesitamos. En la universidad fue la primera vez que dije a una profesora que su clase era tan didáctica. Lo hice con respeto y ella cambió; empezó a debatir, preguntar y escuchar. Eso demuestra que todos podemos mejorar siempre y cuando estemos dispuestos a ello.


❣️Para transformar las aulas necesitamos empatía, solidaridad y ganas de escuchar. La educación no es un hacer, es un camino continuo. Porque cuando se enseña desde el amor, el sentir y el deseo de dejar huella, todo cambia.


¿Cuál es el significado de igualdad en cuanto a tu vida personal y más allá del trabajo social?


En mi vida personal, la igualdad ha significado desaprender ideas que escuché desde niña. En mi familia decían que debía cocinar o lavar porque “¿qué va a pensar tu esposo?” y que si no cumplía esos roles podía “merecer” maltrato. Una vez un tío respondió, cuando dije que me sentí insegura por usar short y polo: “¿Y por qué te vistes así? Por eso las matan”. Eso me marcó y, por años, pensé que la culpa era mía por cómo me vestía o por salir de noche. Programas como Kusisqa y Flora Tristán me hicieron entender que mi cuerpo es mío, que puedo decidir cómo vestirme y que mi valor no depende de estereotipos.


Ese proceso me llevó a cuestionar comentarios de mi familia y salí de una relación tóxica donde sentía presión y opresión. Entender mi valor me permitió irme. Desde entonces me cuido con conciencia: mandar ubicación, revisar el entorno, llamar a alguien en un taxi. No porque sea mi culpa lo que pase, sino porque el mundo es difícil.


💜 En el activismo, quise llevar ese mensaje a otros. Con la Embajada de Australia y Kusisqa hicimos talleres para niños sobre el cuerpo, el cuidado y los límites. Pensaba en mi hermana o mi prima y en cualquier niña que pudiera pasar por algo así. También escribí poemas como Hijos del Bicentenario, donde cuestiono la idea de que las mujeres somos “pétalos de rosa” y hablo del miedo a ser culpadas si nos roban o hieren.


Otro tema clave para la igualdad son los derechos reproductivos. A los hombres se les enseña a cuidar su cuerpo; a las mujeres, casi no. Nadie nos explicaba métodos anticonceptivos o cómo evitar embarazos no deseados. Romper ese silencio fue esencial. Tenemos derecho a esa información y a decisiones informadas. Todo este proceso me empoderó y me motivó a impactar en la vida de jóvenes y mujeres para que se sientan valiosas y dueñas de sí mismas.


¿Qué papel juega la creatividad en cuanto a  tu propia historia y crecimiento personal?


La creatividad siempre ha estado presente en mi vida. Mi mamá me contaba que desde niña me gustaba inventar cosas: hacía vestidos con rollos de cartón, construía escenarios con cajas y le daba personalidad a botellas como si tuvieran vida y problemas propios. Esa imaginación fue una virtud y defecto a la vez; me llevó a verme como una soñadora, porque muchas veces no me gusta ver el mundo como es, sino cómo podría llegar a ser.


Mi cuarto es un espacio de colores y recuerdos: el cuadro firmado por mis voluntarios de Yawar Ayllu, el mapa de sueños de mis clases, las huellitas de mis estudiantes, mis mejores trabajos académicos, los primeros pósters de talleres, mis pinturas, poemas y el primer cerebro de cartón que hice para una exposición. Es un museo de historias que me recuerda que las ideas pueden volverse acción y que la imaginación cultivada en un ambiente que te hace sentir en casa impulsa cambios reales. Imaginar y crear no solo me acompaña, sino que es una forma de expresar lo que vivo y compartirlo con los demás.


De aquí a 10 años ¿qué proyectos tienes tanto personales como profesionales?


Uno de mis grandes proyectos personales es escribir un libro. Siempre he querido hacerlo y siento que a los veintinueve ya debería haber comenzado, aunque sea un primer borrador. No busco ser una autora famosa, pero sí dejar algo que pueda servir a futuras generaciones.


Otro proyecto es sentirme verdaderamente cómoda conmigo misma. Toda mi vida he estado corriendo detrás de cosas que a veces podría encontrar dentro de mí y aún trabajo en aceptar cómo soy, cómo me veo y cómo sueno. Me gustaría llegar a un punto en el que sea plenamente feliz conmigo, sin sentir que debo cambiar para ser suficiente o para que alguien más me vea.


En lo profesional, me sueño trabajando en una escuela rural. Quiero sembrar alas en niños que han sido abandonados por el sistema, recordarles que pueden ser lo que sueñan y acompañarlos a creerlo de verdad. Quiero crecer como maestra, seguir formándome y descubrir nuevas formas de encender curiosidades. Incluso, si algún día encuentro mi propio camino pedagógico, me gustaría imaginar un modelo que transforme la forma en que aprenden miles de niños.


Y, aunque tal vez suene simple, uno de mis sueños más íntimos es formar una familia. Vengo de un hogar roto y creo que por eso deseo ese espacio de calidez que a veces faltó. Me gustaría casarme alrededor de los treinta y tener hijos. Para mí, la educación también empieza en casa, en los valores y la curiosidad que se siembra desde pequeños, y sería un privilegio poder vivirlo.


Entrevistada: Ariana Narrea

FM Butterfly.png

Fuerza Morada

Asociación juvenil de prevención y lucha contra la violencia.

Suscríbete a nuestro boletín

¡Gracias por tu mensaje!

© 2026 Fuerza Morada. Todos los derechos reservados.

bottom of page